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Todo se resume en lo siguiente: experimentar sensaciones y leer naturaleza.

Reflexiones recogidas por Émile Bernard en Souvenirs sur Paul Cézanne, 1925

Bucea en la luz y hace volar las sombras; penetra en los diferentes matices que la versión del color de La Mancha le ofrece… son algunos motivos por los cuales Yukihiro reside en Tomelloso, Ciudad Real, desde hace 26 años. Sentada frente a él, en una cafetería, observando su calma y armonía, quedé sobrecogida cuando llegamos a la idea principal de la intención de su trabajo: traducir su propia interpretación de nuestra luz en los cuadros.

Yukihirio Abe nace en 1951, en Iwaki, prefectura de Fukushima, Japón. Desde edad muy temprana, a los 7 años, comienza a interesarse por las artes plásticas ya que creció en un entorno cercano a las mismas, pues algunos de sus familiares también pintaban. Después estudió Bellas Artes en Tokio con la intención de dedicarse de lleno a la pintura. Aunque en Japón los tiempos también han cambiado, años atrás existía el pensamiento de ser fiel con todas las consecuencias a la decisión de futuro que cada uno tomase: si decidías ser pintor, tenías que ser pintor, sin desviarte por otras ramas de la profesión como la enseñanza, etc. Los pintores de ahora en Japón ya no pueden guiarse por esa intención de pureza de trabajo, ya no tienen las circunstancias laborales y económicas que quizás Yukihiro pudo encontrar en su momento. Él persiguió con terquedad su vocación, de tal forma que la misma le llevó a viajar a España.

Alrededor de los años 80, guiado por su apuesta y ansias de conocimiento en la técnica del óleo, Yukihiro viaja a España para conocer la obra de pintores como Goya, Velázquez, Picasso, Dalí, Miró y Tapies, así como los artistas contemporáneos.  Por entonces le parecían las obras más interesantes y su inquietud le trajo a nuestro país. La historia del óleo en Japón es muy reciente – La teoría se quedaba escasa para él, así que pensó que venir a España era la mejor manera para profundizar y aprender cómo trabajamos aquí el óleo. Otro factor importante era el clima.- La sequedad del ambiente hacen que trabajar con esta técnica sea más rápido, en cambio en Japón tarda días en secarse y los procesos se hacen más lentos. Primero residió en Madrid durante diez años, junta a su mujer Sumi, compañera incansable que le ayudaba en la investigación de la técnica. Madrid le resultaba un foco de cultura e inspiración, pero con el tiempo la ciudad se volvió peligrosa para ellos. En el año 1992, por la delincuencia encontrada en las calles y el estrés que le generaba la gran ciudad, decidieron  cambiar su residencia y mudarse a La Mancha. Ya la conocía de forma turística; su tranquilidad y la luz les cautivaron. Otro de los motivos era alejarse de cualquier referencia de sus raíces. Madrid, como otras ciudades, está llena de turistas, y por lo tanto, para Yukihiro estaban llenas de compromisos sociales con algunos compatriotas que venían de vacaciones a España. Él quería despegarse de estas relaciones personales por una finalidad: mantener la máxima concentración en su trabajo, poder derrochar todo el tiempo del mundo delante del lienzo, observar e imaginar, ser a través de la pintura. Deseaba una casa y espacio suficiente para su estudio, así que la búsqueda le llevó a Tomelloso.

¿Cómo llegaste a ser lo que visiblemente eres?, pregunta el pintor.

Soy como soy. Estoy esperando la montaña, o el ratón o el niño.

¿A qué?

A ti, si abandonas todo lo demás.

¿Por cuánto tiempo?

Lo que se tarde.

Hay otras cosas en la vida.

Búscalas y dedícate a otra cosa.

¿Y si no lo hago?

Te daré lo que no he dado a nadie, pero no vale nada;

sólo es la respuesta a tu inútil pregunta.

¿Inútil?

Soy como soy.

¿No prometes nada más?

Nada. Puedo esperar para siempre.

Me gustaría tener una vida normal.

Vívela y no cuentes conmigo.

¿Y si contara contigo?

Olvida todo lo demás y en mí encontrarás ¡a mí!

Algunos pasos hacia una pequeña teoría de lo visible, John Berguer.

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Este desarraigo llevaron a Yukihiro a sumergirse por completo en su trabajo. La luz, fue la palabra más pronunciada durante la conversación que mantuve con él. La luz, y la transparencia que mantiene La Mancha. La transparencia traducida en nitidez, Yukihiro me contaba cómo podía encontrar sueños a través del dramatismo de las sombras. Ese sol que en ocasiones nos azota por su crudeza, para Yukihiro es una fuente inagotable de estimulación, causando un escenario dramático sobre el espacio y construyendo diferentes capítulos oníricos en las sombras. También señaló dentro de este marco su interés por las formas y la arquitectura manchega que interpreta en sus obras.

Todas estas imágenes al mismo tiempo le llevan a una metodología muy estricta: trabaja de sol a sol,  todos los días  y con escasos descansos. Yoshiharu Sasaki, director del museo de arte de Iwaki, lo califica como artesano en referencia a su filosofía de trabajo, su carácter perfeccionista y su método de trabajo tradicional: no acoge estas formas como posición conceptual a las nuevas corrientes del arte contemporáneo, sino como el curso natural de las cosas: tiempo, trabajo e investigación para conseguir el mejor resultado en sus obras. Constantemente busca nuevas técnicas y herramientas que le ayuden a representar sus imágenes mentales. Como un músico que afina su instrumento para conseguir el sonido cada vez más limpio, de la misma manera Yukihiro prueba e investiga las mejores formas para afinar su interpretación de la luz y las formas. Expresar exactamente su visión; o como él me dijo: “Hay muchos sueños y de eso depende el material”.

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Yukihiro trabaja para galerías y museos de Japón mayormente, aunque hace dos años pudimos disfrutar de una de sus exposiciones en el Museo López Torres, en Tomelloso. Su ritmo de trabajo le proporciona realizar dos exposiciones al año cuando trabaja para galerías, y una grande cada dos años cuando la prepara para museos. Viaja a Japón para la celebración de dichas exposiciones. A su regreso, me contaba que lo primero que hace es ir a tomar un vino acompañado de la comida típica manchega, con la compañía de algún amigo. Ambos factores para él también son sinónimo de bienestar. Por un lado, disfruta mucho con los productos culinarios manchegos; y por otro, disfruta del carácter de la gente. Me contaba que en Japón está muy estandarizado el “tatemae”, que es la conducta y las opiniones que uno demuestra en público; explicaba que echaba de menos que la gente fuese más espontánea y no se guíe siempre por los protocolos sociales. Aquí, en la sociedad manchega según Yukihiro, reluce el “honne” en las personas: lo auténtico, refiere a  los verdaderos sentimientos y deseos de una persona. Estos pueden ser diferentes de lo esperado o requerido socialmente. Para él también es algo muy preciado y otra fuente de inspiración.

Terminamos la tarde hablando de anécdotas en Japón, anécdotas en Tomelloso…aunque todo sonaba a paréntesis o espacios que visita de vez en cuando, como si viajase por momentos, ya que su residencia actual es su estudio, entre luces y sombras manchegas. Nos despedimos y se fue andando muy rápido, tenía prisa, temía haber hecho esperar mucho a  la pintura.

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