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No cabía ni un alfiler este sábado en el Teatro Municipal de Tomelloso. Un público eminentemente familiar abarrotaba el coliseo tomellosero  que disfrutó, y tanto, con Tarzán, el musical. El espectáculo, que ha cosechado un gran éxito en sus tres años de gira por toda España, resulto ser una obra divertida, amena y, sobre todo, familiar que divirtió y no solo a la chiquillería.

El éxito precedía a Tarzán, no en vano está dirigido por el afamado director de musicales Ricard Reguant, que cuenta en su haber títulos como: Chicago, Premio Max al mejor musical,  Grease, Queen, We Will Rock You, 7 Novias para 7 Hermanos, Cantando bajo la Lluvia, Rocky Horror Show o West Side Story. El montaje, donde la imagen, la interpretación y la música conviven la perfección, ofreció una combinación perfecta de  acción, diversión y espectacularidad.

Los ocho actores, Mikel Hennet, Alba Messa, Tamara Agudo, Patricia Arizmendi, Berta Illán, Raúl Cassinerio, Fedor de Pablos y David Ávila, al mismo tiempo, interpretaron sus papeles, bailaron y cantaron, con ritmos desde la bachata a la balada. Destacar la frescura narrativa que otorga a este montaje el ritmo de los auténticos musicales de Broadway. Una puesta en escena, además, muy participativa, con guiños locales, en la que el público asistente participó en el desarrollo de la trama.

El espectáculo es bastante fiel al mito de la novela de Edgar Rice Burroughs –recreada en los cómics y en el cine- que sigue el incipiente pensamiento ecologista. Un multimillonario viaja a la selva africana, junto a un científico, para expoliar el tesoro que cree que está escondido bajo un cementerio de elefantes. Una vez sobre el terreno, los peligros les acecharán en todo momento, pero una misteriosa sombra les librará cada vez del peligro, gracias a su agilidad y su grito salvaje. Tarzán, criado entre orangutanes, defiende su casa, la selva, del destrozo que los planes de Tobbey le causarían. Con la inestimable ayuda de Jane, la hija del científico, y su inseparable mona Chita, Tarzán logrará desbaratar los planes malignos y preservar su hogar como lugar de convivencia.

En definitiva, un montaje divertido,  que trajo a Tomelloso un personaje conocido por varias generaciones, representadas en las butacas del Municipal y que, entre risas y veras, canciones, bailes y gritos de los más pequeños, supo evocar emociones y valores. La defensa de la naturaleza, el amor, la mistad, el ingenio o la valentía.

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