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En ocasiones, por desgracia, se dan situaciones traumáticas como accidentes, crisis económicas, separación de los padres, la pérdida de seres queridos, un atentado, una catástrofe, etc. que hay que comunicar a los niños. Es un ejercicio delicado y, con frecuencia, difícil. A continuación, se describen algunas pautas que pueden ayudar a hacerlo.

¿Qué decir a un niño?

 Hay que decirle siempre decir la verdad.

La mentira no protege al niño ya que, tarde o temprano, conocerá la realidad y es mejor que lo haga a través de sus personas de referencia y no fuera de ellas, en la calle o en el colegio que, a veces, se puede dar de manera más cruda y dolorosa. Cuando descubra el engaño, se sentirá decepcionado y frustrado.

Explicar sólo aquello que pueda entender.

Debemos tener en cuenta la edad del niño y su nivel de comprensión. Tan absurdo sería dar explicaciones excesivas a un niño de tres años como evitarlas a un adolescente. Del mismo modo, hay que escuchar sus preguntas y resolver sus dudas. Partimos del hecho de que debemos decírselo, sin embargo, tenemos que marcar unos límites, en general, es el propio niño el que los marca, preguntando más o cambiando de tema (este es el mejor termómetro para ver qué puede asumir).

Responder siempre a sus preguntas.

Normalmente, sus preguntas nos orientan sobre la información que desea obtener, pero, en muchos casos el niño no pregunta nada porque se teme lo peor, no pregunta por no conocer una dura realidad, en realidad es un mecanismo de defensa para protegerse del dolor. Cuando esto sucede, hay que ir un poco más allá de sus preguntas, con mucho tacto y, finalmente, comunicarle lo ocurrido.

2) ¿Cómo decírselo?

Con naturalidad, poco a poco, explorando lo que el niño ya conoce y lo que piensa o teme. Las noticias más graves se pueden fraccionar, de manera que las pueda ir asimilando poco a poco. No conviene dejar pasar mucho tiempo, pensemos que los niños pueden refugiarse en esperanzas falsas que después se van a destruir.

Con el tono emocional adecuado.

Si la noticia es triste, debe percibir que los adultos están abatidos o que lloran, que lo sienten tanto como él o ella. No hay motivo para reprimir las emociones y hablar de ellas. Las situaciones difíciles forman pare de la vida y no se pueden ocultar a los niños.

Buscando algún aspecto positivo, dentro de la situación.

Por ejemplo, en los peores momentos siempre hay gente que nos sorprende para bien, personas que muestran aopoyo o ayuda cuando no lo esperábamos. El gran valor de la solidaridad, una muestra de los valores humanos.

Ofreciendo siempre el máximo apoyo emocional.

El niño debe sentirse apoyado y querido, el abrazo, la caricia, cogerle la mano son gestos que le aliviarán y denotan confianza y seguridad.

3) ¿Quién debe hablar con el niño?

Las personas más próximas.

El padre o madre, abuelos, el profesor, los amigos son las personas indicadas para ello. La confianza, el vínculo es el mejor vehículo para transmitir noticias crudas. Al menos, se produce en un contexto de cariño y apoyo.

Si usted, lector, se encuentra en una situación de este tipo y debe comunicárla a un menor pero no sabe como hacerlo pida asesoramiento a un profesional, pero no delegue, seguro que al final, lo hace muy bien.

4) ¿Qué reacciones puede tener el niño?

Algunos niños y adolescentes reaccionan sin la respuesta emocional que esperamos los adultos. A veces no lloran ni exteriorizan sus sentimientos, se quedan bloqueados y hay que hacer lo posible para que que empiece a “salir” la emoción. Pueden surgir preguntas o comentarios que, a priori, pueden parcer un tanto “egoístas” como por ejemplo, – ¿y ahora quién me ayuda a mí a hacer los deberes? ante el caso de la pérdida de un papá o mamá.

Es posible, también, que en los días sucesivos rechacen hablar o comentar lo ocurrido e incluso, en los más pequeños, que se comporten como si no hubiera pasado nada. Es el mecanismo d ela negación y puede ser el primer paso de un duelo.

Se pueden dar reacciones como pesadillas, terrores nocturnos, preguntas, preocupaciones, etc. Tal vez teman a los días siguientes a “eso” que ha sucedido que les pueda sueder algo parecido.

5) Qué hacer en los días siguientes?

Es muy importante mantener el apoyo emocional, que el niño sienta el calor y la presencia de los adultos. Sólo están comprobando que los adultos están ahí y piden cosas sencillas como pedir que se le tape en la cama o llamar por teléfono sin causa aparente en el caso de los adolescentes. También es bueno mantener rutinas como los horarios del colegio, el tiempo de descanso, de ocio, etc.

Se debe observar cómo expresan sus sentimientos, si es de forma directa y de forma indirecta, por ejemplo, los más pequeños a través del dibujo, los adolescentes a través de la letra triste de una canción. Y, en concreto, se debe atender los sentimientos de culpa (en los casos de pérdida, se pueden sentir culpables de haberse portado mal con la persona desaparecida, si es el caso).

Si en dos o tres meses el niño o adolescente no mejora (se mantienen los cambios bruscos de humor, las reacciones exageradas de irritación o agresividad, pedir estar solo y evitar la compañía, los trastornos del sueño o la comida, el rendimiento escolar y en general, una alteración del estado de ánimo y las principales áreas de su vida) tal vez sea momento de consultar con el psicólogo.

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