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La naturaleza sostiene la vida universal de todos los seres- Dalai Lama.

Y nosotros nos empeñamos en acabar con ella. Sí, nosotros. Y no me refiero a un individuo en concreto, no me refiero a ti, que estarás leyendo esto a través de una pantalla o, quizá, de un trozo de papel. Tampoco me refiero a la persona que escribe este… ¿Artículo? ¿Manifiesto? Quizá lo más acertado sea decir que sólo son pensamientos que necesitan ser plasmados en alguna parte, como si con ello les otorgase más firmeza. No, no me refiero a una única persona, ni a cien, ni a mil, ni siquiera deseo dirigirme a un país o a una comunidad. Definitivamente no, al hablar de un “nosotros” lo hago refiriéndome a toda la especie. A una raza cuya supuesta ¿inteligencia? la ha llevado a creerse capaz de todo. A disponer de la vida de este mundo a su antojo. Una especie que se aniquila a sí misma por trivialidades vanas, como el color de piel o unas creencias dispares. Buda, Alá, Dios…piel negra o piel blanca, amores dirigidos al mismo género o al contrario…cuando un humano derrama la sangre de otro debería darse cuenta de que es tan roja como la suya.

Y aún así esta especie se considera a sí misma en la cúspide de la jerarquía de toda la vida de este mundo. Me pregunto, en el caso de que alguien de ahí fuera, observe a esta especie ¿Qué pensará? Imagino que se sorprendería de ver a una raza capaz de realizar proezas en medicina, por ejemplo, o gigantescos avances científicos. Una raza que es capaz de lograr todo eso pero que, a la vez, es lo bastante primitiva, salvaje y cruel como para masacrar decenas de vidas animales por deporte, envenenar a un perro o un gato callejero por el simple hecho de serlo o permitir que los hielos del planeta, de los que depende, se derritan ante sus ojos sin hacer absolutamente nada.

Si a día de hoy tuviese que escribir a mis hijos, a mis descendientes, sobre aquello que veo del mundo que van a heredar… ¿Qué podría decirles? ¿Qué les dirías tú? ¿Qué les diríais vosotros? Mirad a vuestro alrededor, mirad un poco más allá de vuestras comodidades cotidianas, un poco más lejos de vuestro entorno inmediato. Hoy día no hace falta viajar para ver qué pasa en nuestro mundo. Basta con leer un periódico o con mirar la televisión para darse cuenta. Podría hacer referencias concretas pero no es necesario mirar a un país lejano para ver a lo que me refiero. Todos somos un fiel reflejo de lo que la sociedad quiere que seamos. Prácticamente todos nosotros hemos visto alguna vez a alguien maltratando a un animal, haciéndole daño sólo porque sí, todos hemos arrancado una flor de su lugar para regalársela a alguien, pero esa flor acaba muriendo al poco tiempo. Luego intentamos compensar nuestra maldad innata con cualquier frío gesto. Me permito citar a un personaje de una conocida película cuyas palabras son, refiriéndose a la sociedad en general: “Sólo son tan buenos como el mundo les permite serlo”. Y creo que ese personaje lleva razón, al menos en esa afirmación. La gran mayoría de nosotros estamos limitados por los prejuicios y tabús de nuestra civilización.

No creo que esté en mi mano cambiar nada, ni en las vuestras. Cambiar las cosas requiere de un esfuerzo mucho mayor, y dudo mucho que en esta sociedad egoísta y antipática exista alguien tan desinteresado como para poner sus recursos al servicio de un bien mayor, un bien que, probablemente, él no vaya a ver. Filántropo, le llamarían. Nos sentimos bien dando de comer a los desfavorecidos de países lejanos ¿pero cómo van a avanzar si no saben cultivarlos?

Últimamente se habla mucho de la exploración espacial, de abandonar este planeta en pos de las estrellas. Yo mismo me fascino mirando al cielo e imaginando que habrá ahí fuera para nosotros, qué clase de futuro nos espera. Pero luego miro hacia nuestro mundo y me pregunto qué es lo que nos llevaríamos a ese viaje. ¿Nos llevaríamos nuestro egoísmo, nuestra desmedida ambición de poder? ¿O tal vez, viajásemos con un poco de empatía, de ansia de convivencia unos con otros? Quizá, en un pensamiento demasiado idealizado, no dibujásemos fronteras en ese mundo.

No tengo ni idea de qué camino escogerán las generaciones venideras, pero quizá, podamos contribuir a moldear su percepción del entorno de nuestra existencia. ¿Cómo hacerlo? Muy sencillo: empezad por preguntaros a vosotros mismos ¿Qué es lo que queréis conservar?

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