Un cliente entra en una tienda de animales, se dirige al dependiente y le dice: “Quiero comprar veinte mil palomas”. El trabajador, con una sonrisa irónica en los labios, le pregunta: “¿Mensajeras? El cliente insiste, muy serio:” No te exagero, quiero comprar veinte mil palomas”.

Los manchegos, en general, y los tomelloseros, en particular, tenemos fama de ser exagerados.

Es muy posible que esta fama sea justa, pero también es cierto que en nuestra tierra hay ejemplos de cosas hechas muy a lo grande, tanto por la Madre Naturaleza como por los humanos.

Podemos decir sin exagerar que hay muy pocas llanuras tan extensas. También se puede afirmar que no hay tanta cantidad de viñedos como en La Mancha en muchas partes del globo terráqueo. De hecho, La Mancha está considerada como el mayor viñedo del mundo.

Los amantes del paisaje y los elementos destacados de este en La Mancha – entre los se cuenta el autor de estos párrafos- sin duda caeremos alguna que otra vez en exageraciones. Llevados sobre todo por el interés en promocionar nuestros atractivos, menos conocidos de lo que debieran serlo.

Sin embargo nuestra fama nos precede y cuando explicamos fielmente a un grupo de visitantes alguno de nuestros monumentos hechos a lo grande –por ejemplo, que el enorme bombo del Museo del Carro en Tomelloso está construido solo con piedras, sin ninguna armazón, mortero ni argamasa— el asombro se refleja primero en los rostros de los visitantes. Después viene el escepticismo y, por último aparece la sonrisa irónica.

Aunque nadie diga nada por respeto al guía que les ayuda en la visita a los elementos destacados del Patrimonio de La Mancha, se aprecia que están a punto de preguntar: “¿Mensajeras?”

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