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En ocasiones, por desgracia, se dan pérdidas de seres queridos que hay que comunicar a los menores para que puedan realizar su duelo desde sus mentes. Cuando son muertes naturales y esperables como la de un abuelo muy mayor es más fácil porque los niños, en realidad toda la familia, ha tenido tiempo de prepararse para ello. Sin embargo, cuando son traumáticas o inesperadas en gente joven o de mediana edad u ocurren de forma accidental o como consecuencia de una enfermedad fugaz es más complicado y los adultos pueden sentirse menos preparados para dar la noticia. Los padres, un buen profesor o amigo cercano son las personas indicadas para ello. La confianza es el mejor vehículo para transmitir noticias crudas, al menos, se produce en un contexto de cariño y apoyo.

En cualquier caso, es un ejercicio delicado y, con frecuencia, difícil. A continuación, se describen algunas pautas que pueden ayudar a hacerlo.

¿Qué se aconseja decir a un niño?

• Hay que decirle siempre la verdad.
La mentira no protege al niño ya que, tarde o temprano, conocerá la realidad a través de compañeros del cole, un vecino, etc. Es mejor que lo haga a través de sus personas de referencia como son sus padres y no fuera de ellas, en la calle o en el colegio que, a veces, se puede dar de manera más cruda y dolorosa. No conviene decir al niño por ejemplo, que la persona fallecida se ha ido de viaje ya que cuando descubra el engaño, se sentirá desorientado, decepcionado y frustrado.

• Explicar sólo aquello que pueda entender.
Debemos tener en cuenta la edad del niño y su nivel de comprensión. Tan contraproducente sería dar explicaciones excesivas a un niño de tres años como evitarlas a un adolescente. Del mismo modo, hay que escuchar sus preguntas y resolver sus dudas. Partimos del hecho de que debemos decírselo, sin embargo, tenemos que marcar unos límites, en general, es el propio niño el que los marca preguntando más o menos o cambiando de tema (este es el mejor termómetro para ver qué puede asumir él o ella). Conviene respetar siempre sus ritmos, observar y estar atento a la demanda de información para dársela entonces.

• No habla del tema, está en el mecanismo de defensa de la negación.
Normalmente, sus preguntas nos orientan sobre la información que el niño o joven desea obtener pero, en muchos casos, no pregunta nada porque se teme lo peor, no pregunta por no conocer la dura realidad de la pérdida de un ser querido, está en el mecanismo de defensa de la negación para protegerse del dolor. Recordemos que poner palabras a las emociones, en este caso el miedo, la tristeza, la angustia, ansiedad, etc. ante la muerte de un ser querido es un ejercicio muy difícil que requiere conectar el área de Broca, área del cerebro donde reside principalmente el lenguaje y las áreas emocionales. No es nada fácil, por eso hay que ayudarles yendo un poco más allá de sus “no preguntas”, con mucho tacto y observando para, finalmente, comunicar lo ocurrido y apoyarles en el dolor.

¿Cómo decírselo?

Con naturalidad, poco a poco, explorando lo que el niño ya conoce sobre la muerte y lo que piensa o teme. Es muy importante conocer y tener en cuenta sus creencias filosóficas o religiosas para que pueda apoyarse en ellas y amortiguar el golpe.

Las noticias más graves se pueden fraccionar, de manera que las pueda ir asimilando poco a poco. Pero, no conviene dejar pasar mucho tiempo en el ejercicio de darle la información, pensemos que los niños pueden refugiarse en esperanzas falsas que después se van a destruir, como esperar que la persona vuelva en algún momento. Nadie puede evitarles el mal trago de asimilar la pérdida, de hecho, conviene hablar abiertamente de las emociones dolorosas y reconocer que, efectivamente, a todos nos duelen y mucho. El dolor duele en el cuerpo.

Con el tono emocional adecuado. Si la noticia es triste, deben percibir que los adultos están abatidos y que lloran, que lo sienten tanto como él o ella. No hay motivo para reprimir las emociones y hablar con naturalidad de ellas. Las situaciones difíciles forman parte de la vida y no se pueden ocultar a los niños.

Buscando algún aspecto positivo dentro de la situación. Normalmente, se puede encontrar algún aspecto positivo dentro de la situación de pérdida, por ejemplo, en los peores momentos siempre hay gente que nos sorprende para bien, personas que muestran apoyo o ayuda cuando no lo esperábamos. El gran valor de la solidaridad, una muestra de los valores humanos.

Ofreciendo siempre el máximo apoyo emocional. El niño debe sentirse apoyado y querido. El abrazo, la caricia, cogerle la mano o, simplemente, estar cerca son gestos que le aliviarán y denotan confianza y seguridad. En caso de niños pequeños, pueden necesitar que los padres les acompañen mientras cogen el sueño, su presencia les relaja. Los adolescentes pueden demandar la compañía mientras hacen actividades cotidianas como ir a clase o salir de compras. Sólo están comprobando que los adultos están ahí y piden cosas sencillas como que se les arrope en la cama o llamar por teléfono sin causa aparente en el caso de adolescentes. En general, debemos estar siempre atentos a los momentos en que demandan la presencia de los adultos y dársela.

Esperanza de comunicación con la persona querida. Aquí entran de lleno las creencias filosóficas y/o religiosas, donde cada uno encontrará su espacio de comunicación con el ser que se ha ido, para unos será el cielo, Dios, para otros la naturaleza… Lo que compartimos todas las personas es la memoria, siempre que queramos ver a la persona querida podemos cerrar los ojos y traerla a la memoria. Nadie se va del todo, todas las personas viven de alguna modo, mientras las recordemos.

¿Qué reacciones puede tener el niño o adolescente?

Algunos niños y adolescentes reaccionan sin la respuesta emocional que esperamos los adultos. A veces no lloran ni exteriorizan sus sentimientos, se quedan bloqueados y hay que hacer lo posible para que empiece a “salir” la emoción, alentarles a expresarse y que pongan palabras a sus sentimientos. Pueden surgir preguntas o comentarios que, a priori, parecen un tanto “egoístas” como por ejemplo – ¿y ahora quién me ayuda a mí a hacer los deberes? ante el caso de la pérdida de un papá o mamá.

Es posible, también, que en los días sucesivos rechacen hablar o comentar lo ocurrido e incluso, en los más pequeños, que se comporten como si no hubiera pasado nada. Es, nuevamente, el mecanismo de la negación que protege de sentir el dolor. Es algo totalmente comprensible. Se pueden dar reacciones como pesadillas, terrores nocturnos, etc. Tal vez teman a los días siguientes a “eso que ha sucedido” por si les puede pasar algo parecido a ellos. Por eso, es tan importante mantener el apoyo emocional, que el niño sienta el calor y la presencia de los adultos. También es bueno mantener rutinas como los horarios del colegio, el tiempo de descanso, de ocio, etc. Se debe observar cómo expresan sus sentimientos, si es de forma directa y de forma indirecta, por ejemplo, los más pequeños a través del dibujo, los adolescentes a través de la letra triste de una canción. Y, en concreto, se debe atender los sentimientos de culpa (en los casos de pérdida, se pueden sentir culpables de haberse portado mal con la persona desaparecida).

Si en dos o tres meses el niño o adolescente no mejora (se mantienen los cambios bruscos de humor, las reacciones exageradas de irritación o agresividad, pedir estar solo y evitar la compañía, los trastornos del sueño o la comida, el rendimiento escolar y en general, una alteración del estado de ánimo y las principales áreas de su vida) tal vez sea momento de consultar con el psicólogo.

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