(De la fantasía de los sueños a la auténtica realidad)

Es cierto que ahora madrugo sin tener necesidad de hacerlo. Por tarde que me acueste, poco después de amanecer me despierto y como me siento incómodo en la cama me levanto. Debe ser —creo— por la costumbre de madrugar igual cuando pernoctaba en la quintería,  que después de convertirme en “desertor del arado” y cambiar los surcos y los ásperos terrones del barbecho, por el duro adoquinado y el alisado asfalto urbano.

Trasnochar, insisto, me cuesta mucho mas que madrugar. Y si trasnocho,  tengo que hacer esfuerzos para no dormirme en medio de la velada. Soy un desastre, lo reconozco.

Sin embargo, llevo un poco tiempo en que voy a la cama pasada la media noche, porque estoy enganchado (no me importa reconocerlo) a los “grandes debates” nocturnos de la tele y éstos suelen acabar muy tarde. Y si aguanto hasta el final, porque el tema que se discute me interesa, llego a desvelarme de manera que he de recurrir a los recomendados somníferos para conciliar el sueño.  Aunque he de decir que llevo un poco tiempo que dormirme y comenzar a soñar es todo unos.

—Ten mucho cuidado, hijo mío, que todo el mundo dice que hay mucho malo por ahí. —fue el encargo de mis padres y los familiares más cercanos, en el momento de poner el pie en el estribo de la “guagua” que me llevaría a coger un tren directo a Barcelona

—Además te vas solo y quién conoce ese sitio dice que está muy lejos.

—Quedar todos tranquilos que tendré mucho cuidado. Y tampoco estaré solo, ya que allí me espera una buena familia y eso me da mucha confianza.  Aunque le echaré ganas, ya me conocéis, y no tardaré en hacerme de amistades.

Después de soñar me levanto con la sensación de haber estado despierto toda la noche recreándome y reviviendo acaecimientos que marcaron mi rústica personalidad.

Así comenzó una “aventura” que, al iniciarse ni yo mismo creí que no tendría retorno.  Y lo digo porque estuve (aun lo estoy) tan apegado a mi tierra, que nunca imaginé que me ausentaría de ella definitivamente. Menos, aún, que resembraría mis raíces en un lugar donde el ambiente social, la cultura incluido el idioma me eran absolutamente desconocidos.

arandoDe ahí que no pueda evitar rememorar el comienzo de esta simple historia, ya que el sacrificio que hube de hacer hasta crear un espacio propio donde vivir con cierta comodidad fue tan tremendo,  que  me asustaba no contar con otros medios que el fruto de mi trabajo.

Ahora que ha pasado un montón de años y los que aún me queden por vivir son un verdadero “regalo de la naturaleza”, mientras me quede suficiente lucidez, no dejaré de dar gracias por decidir trasladarme a Cataluña y tener la “osadía” de correr el riesgo de equivocarme.

Por tanto, aunque sea entre sueños, evocar algunos episodios de mi modesta trayectoria vital me ayuda a creer, al tiempo que me ilusiona prolongar al máximo la longevidad.

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