Emprendedores solidarios VII, por Fermín Gassol

Subvenciones a troche y moche.

Y de pronto en unos meses, el verde y abundante oasis, el maravilloso paraíso, se trasformó en un erial empresarial que sobrecoge. El panorama es desolador. Jóvenes que están quemados, deprimidos, desilusionados con esta sociedad y que tienen que emigrar a otros países para ejercer las carreras u oficios que aprendieron y que nos costaron a los contribuyentes un buen dinero. Personas con más de cincuenta años que sólo saben hacer lo que siempre han hecho y que se encuentran mental y físicamente incapacitados para modificar sus tareas laborales.

Al factor de dinero virtual de los créditos, a ese dinero prestado con suma facilidad, se sumó el de las subvenciones. A diferencia del dinero prestado, las subvenciones eran cuantiosos dineros reales, pero dinero de ayuda para reciclar empresas y por lo tanto más o menos transitorio. Cuántas empresas de autónomos, peluquerías, pequeños comercios, se abrieron con las ayudas de las subvenciones. Cuántos chiringuitos se crearon para chupar de las subvenciones. Cuántos puestos de trabajo se han pagado con subvenciones. Cuántas obras impresionantes recibieron ayudas y sus mantenimientos ya no son hoy viables. Cada tres portales, una peluquería, cada cuatro una inmobiliaria, cada cinco, una asesoría, cada seis,…un aeropuerto.

Como agricultor que es el negocio que sigo, junto con el de la banca, puedo decir que las subvenciones, las famosas PAC, fueron las primeras que se recibieron y supusieron la posibilidad de mantener el campo cultivado. Sin embargo, al principio sucedió lo que después ha acontecido en otros sectores. Se montaban empresas con el único objeto de captar las subvenciones. Si bien es verdad que no se llegó a la desfachatez de los italianos que plantaban olivos de plástico para burlar los vuelos y pasar por cultivo lo que eran olivos de pega. Volviendo a nuestro país; al principio, cuando se daban las subvenciones sin el debido control, yo he visto agricultores que sembraban los bordes de la finca, declaraban como regadíos parcelas de secano, cultivaban productos que no eran para nada productivos, Cooperativas fantasmas que no obtenían producciones. Subvenciones por arrancar y plantar viñas…Muchísimos miles de millones de euros que bien aprovechados hubieran supuesto la reestructuración de muchos sectores como por ejemplo el de la minería.

Un panorama y un modo de actuación que demuestra la falta de seriedad económica que tenemos una parte no menor de los españoles. Y mientras, Europa observando la debacle  a pesar del enorme dinero inyectado. No hay mejor prueba de lo que digo sino el hecho que todos podemos observar caminando por la calle o viajando en carretera, del cierre de muchas empresas. Dicen que por falta de negocio, muchas hay, pero otras muchas…por falta de subvenciones. Las subvenciones fueron como un pozo del que manó un geiser que acabó apagándose. Unas empresas que funcionaban, no de la rentabilidad obtenida, sino de las ayudas que recibían por… pintar las fachadas de color verde. Y no me quiero referir con esto al hecho de parecieran un paraíso, sino a que las empresas a veces sobrevivían a base de ingresar dinero por todos los conceptos menos por la venta de sus mercaderías.

Continuará

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