Castilla-La Mancha es una región con un elevado componente rural. Es una evidencia que se pone de manifiesto con un simple vistazo a su distribución orográfica y poblacional, y que afecta, particularmente, a las áreas periféricas de la Comunidad. Una situación que confirma importantes desequilibrios. Probablemente, el más evidente sea el de la densidad de población y el excesivo envejecimiento de sus vecinos, pero existe un sustrato mucho más profundo: una importante diversidad cualitativa de carácter estructural que corre el riesgo de agrandarse de no mediar medidas urgentes que frenen esta enorme brecha.

En los últimos años asistimos a un exceso de titulares de prensa, publicaciones, columnas de opinión e, incluso, jornadas que se hacen eco de esta problemática, y que tienen el denominador común de buscar salidas a las diferentes comarcas y provincias afectadas por el despoblamiento de sus pueblos y núcleos de población.

El Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha no puede ser un sujeto pasivo de esta deriva socio-demográfica, como tampoco debe serlo en otros asuntos que afectan a nuestra región, y que serán objeto de debate en próximas jornadas y asambleas. Por ello, con motivo de nuestra asamblea anual para la elección de nueva Junta de Gobierno, organizamos varias mesas con el desarrollo rural como eje central del debate.

Bajo el título “Despoblación, economía y desarrollo rural del medio rural en Castilla-La Mancha”, la jornada contó con la participación del Director General de Desarrollo Rural del Gobierno Regional, Javier Carmona, y el Presidente de RECAMDER -Red Castellano-manchega de Desarrollo rural-, José Juan Fernández, así como diferentes investigadores sociales que pusieron el acento en una dura realidad: la enorme diversidad, no sólo en el espectro urbano-rural sino, fundamentalmente, en el contexto rural regional, con realidades muy diferentes y cambiantes entre los territorios afectados.

Varias fueron las conclusiones que pudimos extraer de nuestra jornada. Acaso la primera y más evidente sea la necesidad de crear un espacio regular de debate y opinión en el marco del Colegio. Somos una entidad que aglutina a numerosos investigadores de lo social, con vocación de servicio a la comunidad, profesionales capacitados para diseñar marcos de actuación genéricos, adaptados a las necesidades reales. Y como tales no podemos permanecer al margen de nuestra realidad autonómica. Queremos servir de apoyo continuo a las diferentes administraciones que desarrollan propuestas de actuación para los entornos más desfavorecidos.

Otro aspecto que quedó reflejado en nuestras jornadas fue que no hay soluciones genéricas, porque no hay dos territorios iguales. Una misma problemática puede quedar evidenciada en diferentes realidades y, por tanto, en respuestas dispares. La misma solución no tiene por qué reflejarse en la misma probabilidad de éxito. Son necesarias, por tanto, medidas adaptadas al territorio y ahí juega un papel fundamental la población comarcal. Se trataría, por tanto, de construir desarrollo desde lo endógeno, considerando todos los factores, pero, especialmente, los propios de la zona.

Un tercer elemento podría concretarse en la necesidad urgente de medidas que sirvan para frenar la sangría poblacional que sufren nuestras áreas rurales.

Cualquier atisbo de actuación que pretenda contar con un mínimo de posibilidades de éxito, debe planificarse al medio/largo plazo. No obstante, resulta paradójico que sea necesario abordar el corto plazo desde la óptica de la urgencia, casi de manera inminente, pues hay numerosas áreas en riesgo de despoblación absoluta en apenas un lustro, sobremanera aquellas ubicadas en áreas de difícil orografía. ¿A qué medidas haríamos referencia? Probablemente ese sería un debate harto interesante.

A riesgo de resultar generalista, a nadie se nos escapa la necesidad de abordar la problemática de lo rural desde una óptica multidisciplinar, involucrando a todos los agentes que tengan algo que aportar, a las administraciones locales, provinciales y regional, a los grupos de acción local y, sobre todo, a los vecinos, tanto los residentes como los migrantes, pues tan valiosa puede ser la óptica de unos como de los otros.

Son urgentes actuaciones que tiendan a reducir la brecha rural-urbano, actuaciones diversas, adaptadas al terreno, válidas, bien presupuestadas y ejecutadas, evaluadas… El papel lo aguanta todo, y una vez que lo tengamos claro, será el momento de actuar. Pero ha de ser de manera inminente. Y en esa línea constructiva, el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha estará de la mano de la sociedad y de las administraciones para avanzar juntos.

Manuel Julián Orden del Pozo
politólogo y Vocal del  Colegio de Ciencias Políticas y  Sociología de Castilla- La  Mancha.

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