Construyendo desde la humildad: la Ronda Triana de Tresjuncos, por Julian Orden del Pozo

Articulo de opinón de Julian Orden del Pozo

No es fácil ceder una parte tus razones en pos de un ideal incierto, que no abstracto, cuando el resultado se antoja dudoso, pero en ocasiones los hechos se tildan de mantos sencillos, humildes, cargados de esfuerzo, en forma de premios no sé muy bien si al arrojo, a la humildad, a la locura o una sencilla idea que ronda por alguna cabeza desde hace tiempo. Sea como fuere, bienvenida lo que sea a esta bendita aventura.

Los pequeños esfuerzos, cuando son bienintencionados y saben leerse, descubren fenómenos maravillosos que pueden convertirse en paradigma de algo mucho mayor. O así lo entiendo yo porque tal vez, solo tal vez, la construcción real se fundamenta en pequeñas historias que encumbran a gentes sencillas, humildes, con sus grandezas y vilezas, unidas por un objetivo que alcanza mucho más que la simple suma aritmética y que, sin proponérselo, consiguen lo inimaginable y nos hacen recordar que nadie sobra y que la unión es la base de cualquier progreso.

Ocho meses han bastado para que en Tresjuncos, mi pueblo, un grupo de vecinos y vecinas consigan un hito impensable hace no mucho. No han hecho falta grandes fastos, ni propuestas ampulosas, ni gestos torcidos de descrédito al adversario; ni tan siquiera una propuesta firme sobre un papel que lo aguante todo. Simple y llanamente ha sido una cuestión de voluntad, de humildad, de esfuerzo, de trabajo, de sentimiento o, sencillamente, de unidad. Porque eso es la Ronda Triana: una emoción, un terremoto que está removiendo hasta el tuétano los cimientos de un municipio que, haciendo honor a su apodo, estaba anclado en su Bachillería -cada día tengo más claro que quien así nos bautizó, aparte de conocernos muy bien, lo hizo más por razón que por burla-.

Tengo mis razones para pensarlo, como habrá quien, con sus razones, entienda que esto es una simple tormenta de verano y no verá más allá de una aventura temporal, adscrita a sus intérpretes en función de su edad. Creo, no obstante, que quien pueda pensar así está cargado de prejuicios y un cierto resentimiento, más por voluntad de ser que por un ansia de creer y construir.

En una localidad en la que cada cual ha remado a su antojo, la Ronda Triana, igual que lo está haciendo el “CD Triana” o la Peña “El 7 tresjunqueño”, aun cuando algún inicio esté cargado de estrategia, nos está mostrando el camino a seguir: la unión y el respeto. Porque nadie dijo que tuviésemos que ser iguales, ni pensar de la misma manera. Al final, las ideologías, y lo dice alguien que la tiene y orgulloso de tenerla y ponerla en práctica, no son más que maneras subjetivas de actuar en pos de una comunidad, formas de primar gestiones que buscan converger hacia una identidad creciente, única dentro de la heterogeneidad de sus gentes; una identidad humilde, constructiva, empática, que sepa ceder y tenga voluntad de aunar esfuerzos.

Nuestro camino no es el enconamiento ni la disensión por el mero hecho de practicarlo en favor de una siglas; nuestra guía debe ser la unión dentro de la amalgama de pensamientos diferentes y únicos que cada cual, por el mero hecho de ser individuo, tiene. El conflicto por ser, al final, genera destrucción y rechazo, sentimientos encontrados e irreconciliables en muchas ocasiones. Y en casos como el nuestro, la experiencia, ya la conocemos, sabemos que no merece la pena. Al final, cuando se desea prosperar a costa de los demás, obteniendo ventajas injustificadas para beneficio propio y de los nuestros, se es autor de la condena más grande que puede hacerse a una comunidad: la obstrucción al desarrollo y, por añadidura, la muerte por inanición.

Puestos a ser inteligentes, optemos por valorar el ejemplo de la Ronda Triana, que con sus limitaciones, con su humildad, con su esfuerzo y con su trabajo callado y constante, sin más pretensión que disfrutar con la música y llenarnos el alma, ni más petición que la escucha detenida de su arte desde los bancos de una sencilla parroquia rural, ha conseguido colarse en el acervo propio de un pueblo dominado por la inanición, hastiado de descréditos y hundido en la malentendida diversidad. Entendamos, de una vez, que para crecer y caminar debemos partir de lo que nos une y que a veces, muchas veces, los supuestos deben ser vistos desde la óptica del convencimiento y el optimismo, por mucho que nos pese y amargue las nubes que se atisban en el horizonte. Tal vez el viento deshaga la tormenta y podamos seguir viendo el sol. Pero eso será si nos lo creemos.

¡Grande mi Ronda de Triana!!!

Que el tiempo no os cambie.

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