sillens

Mi muy querido amigo:

Comprenderá que, por los motivos que compartimos, y aunque en su caso con menor celo, no me dirija a usted, en esta misiva, utilizando su nombre y apellidos (y, por lo tanto, respete ese disfraz que adorna a quien se decide [lícitamente] a escribir con el amparo de un pseudónimo).

Parece que siempre ha de existir un motivo concreto para escribir una carta (y más de esta dudosa naturaleza) pero, en el presente supuesto, supongo que basta referir la rendida admiración al trabajo que usted, desde hace tantísimos años, viene ejerciendo en su columna quincenal de El Periódico del Común de la Mancha.

Su tribuna se alza como el lugar culto (y de culto) de análisis de la Literatura al que pueden acceder, de un modo recurrente, los ciudadanos tomelloseros y comprobar, complacidos, que aún se permite el estudio sosegado y reposado entre la maraña de actualidad que los medios de comunicación ofrecen a una sociedad que demanda rapidez e inmediatez a partes iguales.

Por su microscopio, han pasado las obras maestras de la Literatura universal y otras novelas que, gracias a su carácter extremo, merecen reposar su lectura con una amplitud de miras que no siempre se encuentra entre los lectores.

Con un tono nada complaciente, las creaciones pasan por su siempre exigente filtro pero a iguales partes razonado y nada ventajista (al final de cuentas, la crítica literaria juega con ventaja siempre que no se encarga de las novedades recién aterrizadas al mostrador de las, cada vez menos frecuentes, librerías).

Para muchos, y es mala noticia, su página pasará desapercibida (como un reducto inaprehensible en medio de la fluida corriente o, peor, como una atalaya de complicada, por árida y escarpada, ascensión). Serán los mismos que tampoco se adentraron en las páginas de El abrazo inútil, la novela publicada por Ediciones Soubriet y que, como acostumbra en su escritura, requería un esfuerzo (de participación) de su lector (si bien, y como en el ejemplo anterior, la dedicación exigida para coronar el puerto se veía más que  recompensada por las vistas en la cima).

Me alegra saber que aún existen hombres dispuestos a dedicar su tiempo y sus pensamientos a la Literatura, a su entendimiento, a su promoción y, sobre todo, a su divulgación.

Que queden muchos libros que destripar. Que la Literatura nos siga regalando lugares para compartir reflexiones, opiniones y debates.

Mucha suerte y (muy) larga vida, compañero.

El conductor del coche escoba

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