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Albores de Espíritu es la revista cervantina y cervantesca más importante de los años 40 en La Mancha. Esa vieja nave, característica de una época atávica, la fletaron diferentes navegantes de tierra adentro. Casi vencida y gastada, se hundió con el peso de los años. Salía con impulso por la celebración del nacimiento de Miguel de Cervantes, que se celebró en 1947 en una España rota. El corpus lo forman 33 números de 24 páginas, excepto el extraordinario dedicado a Cervantes (septiembre, 1947) que tiene 36. Posee dos especiales: el ofrecido a la Virgen del Carmen (julio, 1947) y el dedicado a Antonio Machado (febrero, 1949) cuando se cumplían los diez años de la muerte del poeta; es apreciable, asimismo, la singular evocación al poeta Gregorio Arrieta, autor de Síntesis, de quien tomó el título originario y natural: Albores. Francisco Adrados Fernández, su director y fundador, nacido en Tomelloso el 25 de febrero de 1925, falleció el 15 de mayo en Torre de la Horadada, una localidad de la costa de Alicante, cerca de Murcia.

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Hecha a color en papel couché, la revista será gratuita. Se imprimió en los Talleres Penitenciarios de Alcalá de Henares (T.P.A), elaborada por presos republicanos condenados a 30 años de cárcel. Concebida como el medio en sí misma que es, convivió en la imprenta desde finales de 1945 con la prisa y los planes del Centenario en la Dictadura. Con los dos números iniciales censurados, salió el primer número de Albores en septiembre de 1946 sin haber conseguido la autorización, negada tres veces. Albores se tranquilizó, ya que prevaleció la orientación de este oculto Quijote de 20 años.

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Alejado de su título de maestro, salía en noviembre con el otro Nº 1 y el elegante Albores de Espíritu, de este signo legal para la Delegación provincial de FET y de las JONS. En conclusión, que Adrados logró el título, en 1980, tenía 55 años.

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Lo conocí a mitad de los 80, era maestro, abogado y periodista. Ultimaba su trayectoria profesional como Redactor Jefe en ABC; estuvo destinado en varias secciones: Económica, Páginas Culturales, Nacional y Política Internacional; de 1962 a 1971 fue cronista de Bolsa.; viajó a diversos países como enviado especial.

Albores interactuó y nos unió. Comenzó sus estudios en la Escuela Graduada de niños Nº1 Tomelloso junto a su padre, Francisco Adrados Herrero, maestro y garante de la Enseñanza de Adultos en Tomelloso. Cuando fundó Alboresterminaba Magisterio como alumno no oficial. Entre 1942 y 1949 demostró sus trabajos de investigación sobre temas relacionados con la vida y obra de Cervantes consultados y elaborados en la Real Academia de la Historia, el Archivo de la Orden de Santiago y la Biblioteca Nacional en Madrid, que se irradian en revistas y trabajos premiados; dos de ellos persisten inéditos. En 1944 fue ganador del primer encuentro literario en Tomelloso con su estudio: Tomelloso en la ruta del Quijote, publicado en el Nº 2 de octubre, 1946, en Albores.

Cervantes en Jaén es el nombre de un trabajo publicado en la revista Paisaje, dirigida por Luis González López a quien siempre estuvo enormemente agradecido. Entre los referidos a Cervantes: Don Quijote en Aragón, La ruta del Quijote, La vida campesina manchega en la época de Cervantes, Las encomiendas y las capellanías, cuya síntesis publicó en 1950 la revista del Instituto de Estudios Manchegos de Ciudad Real.

Después de lograr el accésit en 1945, en las Justas Literarias de la capital jienense, Lorenzo González Lomas, el presidente de Bodegas Santa Rita S.L., una alcoholera compuesta por 16 propietarios, le proponía crear una revista literaria.

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El proyecto de Adrados fue financiado con esplendidez hasta 1949. González Lomas era íntimo amigo de sus padres. En 1939, por la ley de Responsabilidades Políticas, su padre, Francisco Adrados Herrero, había sido acusado de ateo, socialista, comunista y otros cargos; destituido y encarcelado tres años, había vuelto del penal en 1942. Vivía vigilado y esperó la decisión de la Comisión Depuradora de Magisterio de Ciudad Real hasta 1950. Fue incuestionable su ingreso a la Enseñanza por concurso de traslados. Fue destinado seis años a Morales de la Moscarda; el trayecto lo hizo a diario en bicicleta. Redestinado en Tomelloso en 1956, trabajó en la escuela Graduada nº1 dos años, en la misma que fue su primer puesto cuando llegó como director en 1913, originario de tierras segovianas. Alcanzada la jubilación, en 1958 se trasladó a Madrid con su esposa, Cándida Fernández Fernández, natural de Argamasilla de Alba. La familia jamás volvió.

Albores nació con el propósito de hacer realidad la Ruta del Quijote en la Mancha, un viejo deseo mencionado por escritores manchegos desde principios de siglo y explícito por el catedrático Ángel Dotor y Municio, de quien Jorge Luis de Montesinos realiza la reseña en la revista. Dotor, oriundo de Argamasilla, colaboró en Albores y, asimismo, había participado -como Francisco Pérez Fernández-, en Vida Manchega, un antecedente de Albores… Dotor y Municio fue compañero de Guillermo de Torre, el protector a ultranza de lo que alcanza a significar una revista primicial -tal es Albores-.

Adrados, con el itinerario previsto amplió la ruta del Quijote con el estudio de las salidas de Don Quijote y Sancho, firme en la idea de tradición de Ramón Menéndez Pidal y Miguel de Unamuno; y, afianzado con el asiento de Azorín en La ruta de don Quijote, realizada en 1905, que permaneció entablada con los 40 en la Historia de Tomelloso, próspera por Francisco García Pavón. Junto a su visión conocida, fue reveladora para mí la lectura del enérgico instrumento activo de Dionisio Cañas: Tomelloso en la frontera del miedo. Historia de un pueblo rural 1931-1951 (1992).

Ruidera y sus quince hijas, de Gregorio Planchuelo Portalés va a ser el primer artículo de La ruta en Albores, así lo demostró el profesor y naturista a petición de Adrados. De forma similar a los ilustres estudiosos de Cervantes y la obra más universal, la ruta legendaria -a modo del retablo de Maese Pérez- fue hecha para que perdurase. Adrados halló en una revista local, abierta a La Mancha, el medio más apropiado para reunir, con motivo de la noticia del Centenario de Cervantes, a más de 40 colaboradores -todos manchegos- esparcidos tras la Guerra Civil, incorporando las tendencias artísticas y poéticas del momento. Hoy forman el concreto: Grupo pedagógico: Los albores, llamado así y estacionado por el poeta Juan Alcaide en su comunicación con Adrados, mantenida por carta. El conjunto era heterogéneo, hecho desde el inicio. Participan maestros, profesores, catedráticos, ingenieros, médicos, fotógrafos, músicos, pintores, poetas y periodistas de edad e ideología diferentes, haciendo factible el progreso cultural y artístico en La Mancha que, aparentemente, surge en los años 50. Solo mencionaré la categoría del ensayo histórico-literario y fidedigno de Albores y las firmas obligadas: Francisco García Pavón, Ángel Crespo, Fernando de Cáceres; los pintores Antonio López Torres, Gregorio Prieto, López Villaseñor y el poeta Juan Alcaide, el más importante y notorio en diversas publicaciones y revistas de aquellos años. El maestro de Valdepeñas es el de mayor producción en Albores. Fue un poeta relegado como un conjunto de literatos de estilos distantes del realismo social que permanecerán en la nebulosa vista por José Olivio Jiménez (1972) que solo el tiempo logra restituir. La rapidez y variedad que se advierten en Albores manifiesta que en los 40 la actividad no se esfumó. Albores de Espíritu es una revista auroral y surtida con el periodismo; desde su cierre se amarillea en el paisaje literario durando latente en unos años yermos y oscuros, en un periodo cerrado en 1949. La urgencia de Albores coincide con claridad con la década dorada de los 50 que concluye en 1960.

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Último número de la revista.

Tras la muerte de Franco, el postismo, propio de los 50 en Ciudad Real, nace con la revista Deucalión, fundada en 1951 por Ángel Crespo. Fanny Rubio, la autora del revelador trabajo: Revistas poéticas de la posguerra españolas, 1936-1975, publicado en 1976, efectúa el análisis de la provincia y alude a Albores en una cita relativa a Deucalión[1]. La revista local de Tomelloso queda unida al revelador fenómeno de floración de revistas de la posguerra, estudiado tras la muerte de Franco, y característico por el deseo de aproximación entre posturas enfrentadas. En las noticias en la prensa sobre la década dorada (los 50), Rafael Galiana en Lanza (30-6-1960) recuerda el servicio facilitado por la revista dirigida por Francisco Adrados. Crespo informó en Albores como crítico valioso de la pintura del momento, y anunció varios poemas de los primeros libros: Loco de atar y Primera antología. También se hallan, entre otras, las firmas anteriormente mencionadas. Es por tanto la revista de Tomelloso el precedente de la actividad cultural en la Mancha en los inicios de la Dictadura de Francisco Franco.

A pesar del peso de sus años Albores, con su imagen y peculiaridad, desaparece solo exteriormente. En enero de 2011, la Biblioteca de Autores Manchegos publicó una estupenda edición facsímil, coordinada por José Luis Loarce. En la exposición encabezada por el profesor Antonio Serrano se palpaba en trenzada oratoria la visión de su amigo Luis Rojas en el aula María Zambrano del Círculo de Bellas Artes en Madrid.

Con las páginas abiertas de Albores a estos inicios de la posguerra y la imagen que representa Francisco Adrados Fernández, revive hoy la Mancha. He de gestionar el espacio y voy a terminar esta previa para Acento Cultural, que me pidió su director, Ricardo Ortega.

Adrados no vivió solo. Recibió clara la influencia de diversos intelectuales y las Meditaciones del Quijote de Ortega (1913), estudiadas en la prensa desde su niñez guiado por su padre, Francisco Adrados Herrero.  Reconoció la autoridad del filósofo en Antonio Rodríguez Huéscar, que le ayudó en Tomelloso hasta su marcha en 1945 y también en Madrid. Francisco Pérez Fernández, que planteó el intermedio con la noticia y su perspicacia de la Historia, le echaba un capote con las tareas de dirección cuando el joven Adrados hacía la mili en Alcalá, aunque él nunca rechazó la responsabilidad; y contó con la ayuda de dos carmelitas: Pedro Benítez García, el director del colegio Santo Tomás de Aquino, fundado en 1943, y Bernardo Martínez Grande, magnífico poeta y también reportero.

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Pedro Benítez García.

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Bernardo Martínez Grande.

Por el contrafuerte de González Lomas y Juan Alcaide, Francisco Adrados protegió Albores frente a la honda división de España en su butaca, consciente del compromiso simplificador y las clasificaciones del periodo, primeramente, en la noticia subyacente de los dos bandos de la Guerra Civil. Al morirse, en mayo de 2007, con el viento del Este me dejó enrolarme, surtida de incuestionables reservas. El acostumbrado barco querido llega a este puerto de Tomelloso del que partía hace 70 años.

[1] Rubio, F., Las revistas poéticas españolas, 1939-1975. “Las revistas de poesía por tierras de Castilla La Mancha y Extremadura”. Cap. V. Pág. 217. Turner, 1976.

Josefina Tafalla Brotons.

Licenciada con Grado en Filología Hispánica (1981-1986). Universidad de Murcia.

Doctora en Historia de la Literatura Española. Universidad de Murcia (21 de enero de 2015).

Tesis Doctoral (sobresaliente): Albores de espíritu, una revista de la posguerra en estado latente.

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