A mí no me cabe duda —porque creo que es cierto— que la muerte de Miliki ha significado la desaparición de un genial caricato, un magnífico clon; lo que se dice un cómico auténtico. Con su muerte se ha perdido un personaje de circo de categoría universal, que a lo largo del tiempo ha ido acumulando distinciones profesionales (habrá quién crea que payaso no es una profesión) en cantidades astronómicas, igual bajo el entoldado de una carpa que en otros escenarios incluso en el plató de infinidad de canales de televisión en diversos lugares del mundo.

Actuaciones que cada una de ellas ha dejado huellas imborrables, de las que dignifican a los mejores y honran a toda buena gente. Son esa clase de seres humanos sensibles al candor de los niños y la natural ingenuidad de adolescentes. También emocionan a los adultos que envejecen con los años, pero que aun así mantienen un espíritu juvenil envidiable.

Quizás que yo sea un melancólico sin remedio —sin saberlo, claro—  y otorgue mucho mas interés a esta clase de “personajes”, por la capacidad que tienen para provocarles —insisto— la primera sonrisa  los bebés, hasta hacerles reír a carcajada limpia con sus geniales payasadas. Me refiero a esos expertos de la comicidad, coronados reyes del mejor humor, que sin esfuerzo aparente alivian ¡y de qué manera! a cualquier mortal que sea víctima temporal del desánimo o la tristeza.

No sé si estaré en lo cierto, pero me temo que en el mundo en que nos ha tocado vivir escasean los individuos como, por ejemplo, la familia Aragón (Gaby, Fofó y Miliki) que tanta horas de felicidad nos regalaron a todos y especialmente y sobre todo al mundo infantil.

Sin embargo, paradójicamente, abundan otros de diverso rango o jerarquía profesional, política o social, cargados de medallas no siempre ni todas merecidas, que me resisto a nombrar porque me avergüenza hacerlo..

Pues para este humilde mortal que suscribe “Los payasos de la tele” los hermanos Aragón, andaluces ellos, son tan dignos de un lugar en la historia, como otras celebridades por sus heroicas hazañas. Lo siento, pero debo dejarlo aquí ya que acabo de saber que ha fallecido a los 90 años otro monstruo del humor y quiero dedicar un buen rato de silencio a la memoria de ambos.

Que en paz descansen Miliki y Toni Leblanc. Que si es verdad ¿. . . ? que el alma no muere con el cuerpo, seguro que los dos juntos en el cielo harán grandes milagros.

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